Cuando una historia está bien contada.

Su Mejor Historia nos traslada a la época de la Segunda Guerra Mundial en Inglaterra. Un equipo de personal cinematográfico debe realizar una película para levantar la moral de sus tropas. El poder del cine.

Como premisa me vino a la cabeza rápidamente el poder que tuvo el séptimo arte de la II GM. Leni Riefenstahl, por ejemplo. Esta película mostraba en su cartel a dos grandes actores como son Sam Clafin (Piratas del Caribe, Los juegos del hambre) y el mítico Bill Nighy (Love Actually, Harry Potter). Pero, ¿sería comercial? Después de que en los últimos años sacaran Trumbo o Hail, Caesar! la trama principal podía parecer más de lo mismo.

Sorprendentemente, Su Mejor Historia consta de un ritmo narrativo muy ligero, en el que las casi dos horas de película pasan desapercibidas. No miras el reloj porque siempre quieres saber más de los personajes. Algo muy logrado en esta película es el modo de plasmar la imaginación de los propios guionistas en pantalla. Son muchos los planos en los que vemos a estos afamados cuenta cuentos frente una máquina de escribir y con una simple imagen sabemos que aquello que vemos es su imaginación.

Yo siempre digo que cuando uno se planta en un cine a ver una dramedia, hay que estar preparado para ver sufrir a uno de los personajes. Porque así es cómo funciona el género: te hacen identificar con un personaje, luego le vuelven vulnerable para que le quieras más todavía y al final cualquier cosa buena que le suceda multiplicará su efecto positivo por tres.

Su Mejor Historia narra la historia de una mujer que no lo pasa mal, lo pasa peor. Hay un par de giros inesperados en la película que refuerzan el drama, pero éste se compensa con el característico humor negro del personaje interpretado por Bill Nighy -maravillosa actuación, por cierto.

Algo que, por cierto, comentamos mientras veíamos la película es el cuidado de la fotografía. Los planos claroscuros prevalecen en una época bélica, donde muchas veces los personajes se encuentran dentro de una habitación poco iluminada, en las vías del metro o en un bosque a la luz de la luna. El peso dramático y romántico de la historia lleva un compás armonizado con la iluminación. Un acierto total.

Además, la película trata de transmitir la importancia que comenzaban a tener las mujeres en esa época. Cuando sus maridos marchaban a la guerra y ellas sacaron el mundo civil adelante con oficios tan discretos como puede ser el de un guionista. Un oficio que jamás nadie se plantea que pueda existir. “Los guionistas hacen diálogos, ¿no?” No. Los guionistas escriben toda la historia. Con diálogos o sin.  La dureza de la guerra se pone en palabras de Bill Nighy “gracias a la muerte de estas personas tenemos oportunidades como las que estamos viviendo de salir adelante. Pero si nos dejamos llevar por el dolor habremos dado la victoria a la muerte sobre la vida”.  Una dura realidad que, aunque la historia se desarrolle en 1940, nosotros podemos aplicar a nuestras vidas.

Así es que, para nosotros lo tiene todo: historia interesante,  buenas interpretaciones,  un diálogo cuidado y una fotografía bonita.

María BC

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