El difícil oficio de ser Donald Trumbo.

trumbo

Donald, así era su nombre. Guionista y sarcástico: un señor con un par.

Ayer convencí a mi madre para ir a ver Trumbo. No fue nada fácil, pues ella trabajaba temprano al día siguiente y sinceramente, cuando me preguntó “¿cuánto dura?” y le contesté “dos horas y algo”, la cosa estaba cruda. Pero supe ingeniármelas: “si quieres saber a qué es un guionista tienes que venir conmigo”.  Y como supongo que está harta de que se lo cuente y que no vea ni un euro en ingresos y mucho trabajo solitario con un ordenador, se animó.

Y así es que a las 20.45 estábamos sentadas en una se las salas más grandes de la ciudad.

He de decir que la película en sí no me pareció tan maravillosa. No creo que sea la mejor del año. Pero había algo en ella que me fascinaba, quería llegar a su final y disfrutar de cada minuto transcurrido a la vez: la historia de Donald Trumbo.

En las clases de historia del cine oímos hablar varias veces de la lista negra de Hollywood, por supuesto! Pero verlo en pantalla, saboreando las emociones de los protagonistas, es otro cuento. Desde luego que Walter White (Breaking Bad) aquí se transforma y en ningún caso sospechamos mezclas químicas en los guiones de Donald. Supongo que será escasez de ideas originales por lo que en 2015 han preferido la interpretación de películas que reflejen el trabajo de la época dorada de Hollywood (Ave César, por ejemplo). ¿Qué tiene Trumbo que no tengan las demás? Pues resulta ser un biopic que cuenta una historia de superación y perdón. Más allá de lo que uno consiga o no entender el mundillo cinematográfico, esta película ha profundizado hasta el final del personaje mostrando al espectador cuáles debían ser sus miedos, qué le hizo seguir adelante a pesar de todas las dificultades, como consiguió mantener unida a su familia en los momentos más difíciles, cómo superó la humillación y el ninguneamiento. En definitiva, creo que Trumbo refleja el lado más humano de una historia que podría haberse convertido en mero causa-efecto encarnado por Bryan Cranston.  Pero no solo la estructura dramática está bien arropada por el carácter del protagonista. La música o la fotografía nos trasladan una vez más a la época correspondiente, incluso utilizando fragmentos en blanco y negro. Los planos escogidos por director de Trumbo, Jay Roach, simbolizan las emociones que el escritor debía sentir dentro de sí (el reflejo en las gafas, el alcohol, el tabaco, y tantos otros).

Solo me queda decir que para aquello profesores de la historia del cine, creo que esta película se convierte en un obligatorio en su guía docente.

María BC

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