En el cine uno se calla

Hemos perdido las buenas maneras, y eran algo realmente genial. La amabilidad, el respeto mutuo y en definitiva la sana idea de que está bien hacer la vida agradable a los demás, sean quienes sean.

¡¿Qué?!, ¿y a cambio qué me dan?

Las gracias.

Pues entonces no lo hago.

Si te paras a pensar en esto, solo en esto, sin mirar tu teléfono durante 5 ó 10 minutos -¡¿qué?!, ¡¿diez minutos?!- te vas a dar cuenta de que resulta sorprendente lo maleducados que nos hemos vuelto en aras de una malentendida libertad.

Como no quiero que esto suene a generalización –aunque cuando se habla de conductas sociales es inevitable- diré que estoy hablando de lugares comunes, un poco tristes, pero comunes al fin y al cabo. Todos somos en mayor o menor medida testigos del fenómeno que describo; todos podemos decir que las buenas maneras se diluyen en el salvajismo postmoderno. Se puede argumentar fácilmente que todo se debe a un error pedagógico reincidente, pero no voy a entrar en eso.

Bajando del plano de las ideas a este maravilloso mundo que todos habitamos concreto mi tesis en un ejemplo claro: las salas de cine. Todo momento social tiene unas normas de conducta implícitas porque de lo contrario, no sería “social”. En las salas de cine que yo he frecuentado en este nuestro país me he cruzado casi en cada ocasión con personas maleducadas. En el cine uno se calla y ve la película, que ha eso ha ido; si es que estás que te hablas encima, tienes tres opciones: aguantarte y asumir que estás en el cine, poco a poco aprenderás a apreciar el silencio; puedes llevarte un cuaderno o tu teléfono o una tableta o cualquier método de transcripción silencioso que se te ocurra y escribirlo todo para decirlo del golpe al salir; puedes largarte de la sala y dejar de molestar a toda la pobre gente que ha pagado la entrada porque le interesa ver la película. maxresdefau

No se trata de un problema grave, dirán algunos. No, pero estos detalles marcan la diferencia entre una sociedad que se defiende como tal y actúa como tal y un puñado de individualidades que hacen lo que les apetece simplemente porque les apetece y si alguien les recrimina esgrimen un “derecho individual” –una contradicción en dos términos- a hacer lo que quieran y “expresarse libremente”.

Llamo a la reflexión a todo espectador interesado, quizá muchos no han tenido ni la ocasión de plantearse que molestar no es la mejor manera de vivir en sociedad; aunque con esto incurrimos de nuevo en el error pedagógico.

Pablo Q.-

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