¡Oh, Dios, Juegos de Tronos es un culebrón!

La reina más querida de Westeros

Juego de Tronos es un culebrón o una soap opera, llámalo como quieras. Decenas de personajes, líos de corte, sexo, venganzas, traiciones, rencores, familias enfrentadas, matriarcados en la sombra, etc. Si niegas que eso no es un culebrón es que tienes prejuicios a que te digan que te avergüenzas de ver este tipo de historias.

Suele pasar que la promoción del comienzo de temporada de una serie atraiga la curiosidad de aquellos espectadores que no han visto todavía la primera temporada. Ese fue mi caso con Juego de Tronos. Con la promoción de la quinta temporada sumándose al hecho de que en abril todo el mundo* hablaba de las escenas que tendría la quinta en la Mezquita-Catedral de Granada, me entraron las ganas de empezar este culebrón.

Me puse a ver Juego de Tronos durante 48 días seguidos hasta que enganché con los últimos episodios de la quinta temporada. No digo esto para contaros mi vida sino porque influye mucho en la percepción de una historia la manera de ver una serie. Mientras que otros la han visto a lo largo de cinco años yo la vi en mes y medio. Y lo prefiero así: ni el atracón de 5 capítulos seguidos, ni cinco años. Cada capítulo es una historia en sí misma y el efecto de enganchar al espectador con la última escena y no saber qué ocurrirá en el siguiente capítulo se consigue de la misma manera esperando un día que estando una semana en ascuas.

La reina más querida de Inglaterra

La reina más querida de Inglaterra

Westeros, donde no parece vislumbrarse héroes y en el que el horizonte emocional de la historia y con los personajes parece romperse temporada a temporada, es adictivo. Leí no sé donde que George R. R. Martin (autor las novelas) junto a David Benioff y D. B. Weiss (creadores para la televisión) habían conseguido crear una serie de corte fantástico sin que repeliera a los antifantasía. Coño, esto es HBO no una mierda sobre mierda-magia ni mierdas por el estilo. Hay varias estrategias para encubrir que estamos en una historia de fantasía: el realismo de la propuesta visual, las similitudes que se pueden hacer con la Edad Media** (¿son los Lannister los Borgia?),  la violencia hiperrealista*** o el hecho, cada vez más presente, de que los dioses se presenten como una mentira que sostiene todo un sistema y su uso se reduce para muchos como un elemento más de dominación política. Y sin embargo, hay dragones, cabalgantes de hielo, posesiones, etc. En la primera temprada se hacen referencia a elementos mágicos o divinos pero no aparecen. Es una manera inteligente de asentar las bases de un relato que bien podría haber ocurrido en realidad pero a la vez con pretensiones a ser un relato fantástico. Tan bien hilada está esta estrategia que a nadie le sorprende ya que la quinta temporada esté repleta de elementos fantásticos conviviendo con un estilo realista.

El hombre que pudo reinar

El hombre que pudo reinar

Y, si no es un relato fantástico, mucho menos podía ser un culebrón. No digo qué siempre sea un culebrón, pero algunos rasgos están. La muerte de un padre dejando huérfanos a sus hijos cada uno en un lugar diferente y caídos en desgracia se asemeja bastante a algunos culebrones. Además está el hecho de que los líos de corte y la importancia de la belleza como elemento a tener en cuenta para ser considerada hace que Juego de Tronos se encuentre entre los culebrones más caros de la historia.

Tras cinco temporadas de este folletín tan adictivo como en su día lo fueron El Conde de Montecristo o Los tres mosqueteros (relatos publicados por entregas semanales en periódicos) puede decirse que la calidad ha crecido tanto narrativamente como en términos visuales. Uno de los asuntos que encuentro a su favor es que frente a una legión de series que basa parte de su potencial en diálogos y más diálogos (bustos parlantes) en Juego de Tronos se hace un esfuerzo en que la acción esté por encima del diálogo. No me refiero a que estén todo el día dando sablazos sino que se ha conseguido externalizar los pensamientos de los personajes más allá de su oratoria. El sadismo de uno se refleja en cómo despelleja a un ciervo, mientras que la sabiduría de otro se refleja en su pasión por los libros. Recuerdo que a True detective se le acusó de un exceso de palabrería, y es cierto. Disponer a Matthew McConaughey delante de unos policías en un interrogatorio a discurrir sus pensamientos es un recurso fácil (al margen de que la serie tenga un gran valor).

“Tú mataste a mi padre, prepárate a morir”

* Escribo “todo el mundo” por ese defecto que ha creado en nosotros Twitter de creer que lo que ocurre en nuestro timeline es reflejo de la realidad. Recordad: si algo no aparece en las noticias, no es real (otro defecto que la tele ha creado).

** Si identificamos a la Edad Media con un periodo oscuro y sucio es gracias a los renacentistas posteriores que le dieron ese horrible nombre. Un término que deja ver su desprecio: una largo periodo de la historia entre dos épocas, la Antigüedad y el nuevo renacer. Un terreno baldío.

*** “Es muy real”. A veces lo he oído de alguno. La violencia cruda exacerbada no es violencia realista. Me gustaría que os fijaseis en los sonidos de las cosas que suenan. Siempre están exagerados. Es un síntoma de que estamos viendo televisión: hay que saturar a los sentidos.

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