El sospechoso cine de Wes Anderson

gran hotel budapest

No soy ni un especialista en el cine de Wes Anderson, ni mucho menos un fan, aunque lo disfruto. He visto tres películas dirigidas por él: “Fantástico Sr. Fox”, “Moonrise Kingdom” y “El Gran Hotel Budapest”. La que más me ha gustado y más recomiendo es “Fantástico Sr. Fox” -obra maestra-. Lo primero que salta a la vista en una película de Anderson son los colores chillones, artificiales, que mezcla con una composición cuidadísima, unos planos secuencia matemáticamente realizados y en estas películas en concreto con un reparto de lujo. Resultan llamativas sus películas. Me gusta la idea. Es muy característico de sus películas el plano secuencia de izquierda a derecha en el que se presenta la situación casi como si fuera un cómic, como si estuviéramos “leyendo” la película: el campamento de Boy Scouts en “Moonrise Kingdom”, las granjas de Boggis, Bunce y Bean en “Fantástico Sr. Fox” o la huida de la cárcel en “El Gran Hotel Budapest”.

A pesar de esa estética tan evidente -y con su punto de genialidad- hay algo en las películas de Wes Anderson que siempre que terminan me deja la sensación de que se ha quedado conmigo de alguna manera, de que me ha engañado. Yo creo que más allá de la estética, que es donde uno se queda cuando ve una película de este autor, más allá incluso del guión -la adaptación de la obra de Roald Dahl en “Fantástico Sr. Fox” es cojonuda-, está ese elemento (por así decirlo) casi ideológico que hace que parezca que toda la estética de una película de Wes Anderson está puesta para tapar algo muy feo, algo que sin tanto azúcar no seríamos capaces de tragar.

Hay algo perverso en las películas de Wes Anderson -de acuerdo, en “Fantástico Sr. Fox” no le he encontrado, aún-. En “Moonrise Kingdom”, por ejemplo, a pesar de la perfección y el cuidado en los encuadres, en la luz, en los colores, en la música incluso, no podemos evitar descubrir en los dos niños un comportamiento que no se adecua a su edad y a su condición, unos problemas psicológicos, sexuales y morales que quedan velados por la excusa estética pero que ahí están y que nos los hemos tragado con una sonrisa.

Del mismo modo en “El Gran Hotel Budapest”, nos descubrimos empatizando con un personaje lamentable, retorcido y bastante salido, que se acopla dentro de esa estética de pastel de boda y pasa hasta cierto punto inadvertido pero que sí deja caer sus tres o cuatro comentarios que cambian durante dos segundos la cara del espectador pero enseguida se funden en acción, composición, color, musiquita y planos secuencia calculados.

El de Wes Anderson es en realidad un cine muy postmoderno, cargado de ideas contradictorias, sinsentidos, egoísmos, dobles sentidos y una visión bastante pesimista e intrascendente de la realidad que nos rodea -o que rodea a sus personajes. Lo que sea-. Una mirada más sobre el mundo, al fin y al cabo, más o menos acertada (tampoco he visto todas sus películas). Quizá sea él como autor quien busca generar en el espectador esas cuestiones; quien pone al espectador en la situación de juzgar moralmente a un protagonista muy “bonito” por fuera pero bastante “feo” por dentro.

fantástico mr foxEn cuanto a la música y ya que me toca hablar un poquito del tema -por voluntad propia-, me gusta especialmente la banda sonora/selección musical de Fantástico Sr. Fox, que por si no ha quedado claro, es la película de Wes Anderson que más me gusta. Varían mucho los estilos dentro de la banda sonora: una especie de tonadilla popular infantil en el tema de Boggis, Bunce y Bean (Alexandre Desplat; cómo no); “Heroes And Villains” de Beach Boys, que nos traslada en el tiempo a cuando el Señor y la Señora Fox eran jóvenes y “hippies”: el tema de Kristofferson, una música instrumental que recuerda a algo así como “Pequeña Miss Sunshine”; “Le Grand Choral” de Georges Deleure, que introduce un tema que recuerda al barroco bastante divertido en contraste con las imágenes (en mi opinión); “Let Her Dance” de The Bobby Fuller Four, también un poco nostálgica; o algún momento en el que un narrador nos cuenta desde dentro la historia del Señor Fox y los granjeros acompañado de un banjo haciendo una especie de Folk.

Pablo Quiñonero.-

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