Carbón, Rossini y el pobre Rodrigo

Brassed Off  Year: 1996 - uk usa Director: Mark HermanEn un pequeño pueblo al norte de Inglaterra, durante el gobierno de Margaret Tatcher, están a punto de cerrar una mina de carbón, que es casi la única razón de ser del pequeño pueblo. Surgen todo tipo de conflictos en torno a esto: los obreros tienen que votar por una jugosa indemnización por el cierre de la mina o por mantenerla abierta, a riesgo de convertirse en esquiroles; la miseria llega al pueblo y afecta a las familias. Pero resulta que no todo está perdido -aunque lo parece-, porque hay música. Los mineros, después de estar todo el día trabajando en la mina, sacando carbón, se reúnen para ensayar en un pequeño local y hacer su aportación económica semanal para mantener viva la agrupación -una aportación que cada vez cuesta más hacer, hasta el punto de plantearse disolver la agrupación-. El director, “Danny” (Pete Postlethwaite), es un viejo minero, apasionado con la música, que sabe -todos lo saben- que tarde o temprano el carbón que lleva en los pulmones le va a matar.

Lo único que hay en el pueblo y en los personajes es desesperanza, social, personal y laboral. Todos saben que la mina cerrará, que no hay dinero, que al final del camino está la miseria y, sin embargo, hay algo que puede salvarles, que puede demostrarles que merece la pena seguir luchando: esa pequeña banda de música; ganar el certamen nacional. Demostrar al viejo “Danny” y a sí mismos que son alguien, que tienen algo que decir y que hay quien les escucha.

En la película se recuerda la huelga de mineros de 1984 y en una breve escena a uno de los protagonistas se le reprocha que no lucha, que ha perdido la pasión, los ideales, que lo único que hace es tocar la “trompeta”, a lo que él contesta con una frase con varias lecturas: “Al menos a nosotros nos escuchan”. La idea es un poco romántica, pero al final eso les salva personalmente incluso del suicidio; no podemos hacer nada, todo está perdido, nadie escucha lo que decimos, pero podemos tocar, hacer música y que alguien -quien sea- nos escuche. Purgar así todos los problemas, “conjurar” todos los deseos, como decía Danny Boodman T.D. Lemon Novecento. Un encuentro con el sentido en la música -en el arte en general-; merece la pena vivir para tocar un concierto más.

Como en la mayoría de películas del género las escenas de interpretación musical son problemáticas: los actores son actores, no músicos. Aunque no es algo tan evidente como para abandonar la película. Calma.

Hay dos o tres momentos musicales que cabe destacar en la película, por la música que suena y el momento narrativo al que acompaña: Cuando Danny está ingresado en el hospital y la banda toca “Londonderry Air” de Percy Grainger y la catarsis de la obertura de Guillermo Tell en Londres. Cargada quizá esta última de significado, ya que la ópera de Rossini cuenta la historia de la liberación e independencia del pueblo suizo. Un tercer momento musical que a mi personalmente me resulta penoso es la escena de la protagonista tocando el 2º movimiento del Concierto de Aranjuez -“orange juice”, lo llaman-. El arreglo pseudopop con batería que acompaña a la escena es de mal gusto en mi opinión. Enlazo un vídeo de Narciso Yepes interpretando el concierto original de Joaquín Rodrigo. Que lo disfrutéis.

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