Stockholm. Pelirroja es conocida por un chico

stockholm

¿Sabéis que es casi lo que más me gusta de ver una película española? Que puedes reconocer los sitios en los que transcurre la historia. Eso me pasó en No habrá paz para los malvados y en Las brujas de Zugarramurdi. (A)nótese: soy de Madrid. Pues, si de igual manera queremos sufrir y amar con los personajes que vemos en pantalla, poder pasear por los mismos sitios que ellos pisaron es una genialidad que solo proporciona el cine. Todo esto porque el lunes 10 de noviembre, ayer según escribo, pude ir a ver Stockholm (con parte del equipo de Puwaba films) que se ambienta en Madrid.

Las calles de Madrid son especiales. De noche pueden ser un hervidero de gente llenas de luces y, ahora, con horteradas como las de la foto (de Xavi De La Fuente). De igual manera es posible pasar del barullo a las calles desiertas de las tres de la mañana después de una fructuosa fiesta. Pues de igual modo que llegas a las fiestas con pocos expectativas de éxito puedes salir con una enamorada. En ocasiones una enamorada que te rehuye. Ocasión perfecta para unos travellings de calles que reconocí en cada fotograma. ¡Y qué hablar de las vistas desde un ático con vistas a la Puerta del Sol (esa plaza céntrica que igual uso se le da para tiendas de campañas, que para tiroteos en los que muere Bob Esponja y que para que te den las uvas).

arbol navidad madrid Xavi de la Fuente

Dice la canción que Sevilla tiene un color especial. El Madrid fotografiado por Alejandro de Pablo pasa de azules oscuros a blancos inmaculados. Siempre con una pelirroja que llena la pantalla y el cuerpo blanquecino de un chico que no pasa por un Bar. Rodrigo Sorogoyen, por su parte, se encarga de unos delicadísimos travellings horizontales. Qué mejor manera de aguantar las largas conversaciones de camino a (spoiler a la vista) que con un plano secuencia. Fui también incapaz de contenerme y me fijé como iba, poco a poco, desapareciendo imagen en los acercamientos silenciosos a los personajes. De igual manera, la sencilla historia, escrita por el director y una amiga suya llamada Isabel Peña, desvela a los dos protagonistas. De la noche a la mañana Madrid puede albergar dos ciudades.

Hay muchas maneras de contar un beso. Tantas como la manera de acercarte a él. Lo que sí que es cierto que todos en nuestra cabeza nos lo imaginamos como nos lo ha indicado el cine. No en una misma toma, sino en número par. Pues lo que ocurre previamente es una mirada sostenida, un encuentro de dos planos: el suyo y tuyo. Una cuerda invisible que une a dos personas ascensor arriba, ascensor abajo. Una cuerda que no puede romperse si se quiere llegar al beso final y sobrevivir. Todo ello acompañado del romántico Gioacchino Rossini.

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