La genialidad del clasicismo

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“Ningún tema es malo si la historia es real. Si la prosa es limpia y honesta y si afirman el valor bajo presión”, afirma Ernest Hemingway con una copa de vino tinto en la mano, mientras observa fijamente a Gil Pender, un guionista de Hollywood tan inseguro de sí mismo como de la novela que intenta escribir. Dicho personaje se dedica a viajar en el tiempo, escapando de su frustrante presente (en el que su prometida no le entiende), conociendo a sus ídolos intelectuales. Cree que será feliz en el onírico mundo del pasado. Todo esto sucede de la mando de Woody Allen, que lleva al espectador con un elegante carruaje, campanadas de media noche y un toque de cenicienta a la ciudad de las luces, en una divertida comedia romántica, Midnight in París.

Pero lejos de perderse en lo vacío y superfluo, Allen roza la perfección de la sencillez, mezclando trazos de cámara serenos, composiciones nítidas y una hermosa fotografía de París. Con un culto guión y usando el elemento de la risa y la despreocupada actuación de Owen Wilson (el actor principal), hace la película accesible a todo público. Eso sin dejar de ser la punta de un iceberg que limpio, honesto y afirmando el valor bajo presión, esconde una gran filme.

PAOLA

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